Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar;
Aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah, Salmo 46:1-3.
Tú tienes dominio sobre la braveza del mar; cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas. Salmo 89:9.
Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 2 Crónicas 7:14.